El hijo único, rey de la casa

hermanosCada vez es más raro que las familias tengan más de un hijo. Sin embargo, los expertos opinan que la figura del hermano es necesaria.

Hermanos de sangre, hermanos de leche, quererse como hermanos… Nuestro idioma está plagado de expresiones que incluyen la palabra hermano. No obstante, el amor fraterno está de capa caída, no porque ahora los hijos se lleven peor, sino porque son una especie en peligro de extinción. Los niños escasean. El hijo único se impone e intenta suplir a los hermanos con amigos o compañeros de colegio. «Los niños que están demasiado tiempo en contacto con los adultos acaban pareciéndose a los mayores antes de tiempo. El hijo único tiene escasez de relaciones, le cuesta más adaptarse en el colegio y sufre mucho más si sus padres se separan».

Los padres que por elección u obligación tengan un solo hijo «deben ponerlo en relación con otros niños» el mayor tiempo posible. La experiencia de tener hermanos es, según los expertos, siempre positiva. Los celos ayudan a aprender a compartir, los juegos fraternos a socializar y conocer el mundo… En definitiva, los hermanos sirven para que el niño se dé cuenta de que no es el único del mundo.

La desaparición de los vínculos fraternos provoca fenómenos curiosos, como el de los hermanos «artificiales» y las pandillas. «Las niñas tienen una especial tendencia al “amigueo” que reproducen allá donde se encuentre», hoy los chicos tienen en el colegio, las guarderías y los hijos de amigos de los padres, su principal fuente de diversión. No todo es negativo. Los niños ahora son más independientes desde la cuna, más sociables. Se aferran menos a sus madres porque, desde los cuatro meses, suelen estar en contacto con muchos otros niños.

La pérdida de la calle como espacio natural de niño es otro problema. Los vecinos, los amigos del barrio o el trato con los tenderos se van perdiendo en favor de la casa, la televisión, los juegos electrónicos o los hipermercados.

Otro de los grandes problemas de ser el único rey de la casa es que los padres depositan demasiadas expectativas en el hijo o la hija. Los chicos se sienten presionados y puede llegar a fracasar en los estudios si notan que los padres están defraudados.

Son muchos los factores que limitan el número de niños: «A la mujer trabajadora le cuesta mucho animarse a tener hijos porque todo está en su contra. Además, influyen cosas tan simples como el número de habitaciones de una casa o el precio del colegio al que irá el niño». Y no olvidemos el factor económico, aunque existen posibilidades para ahorrar, por ejemplo comprando los productos que gaste el bebé en una farmacia online.

El niño y la niña, la «parejita», es otra opción extendida en la sociedad española. En teoría, la relación entre un hermano y una hermana no entraña problemas particulares. Sin embargo, los padres tienen que cuidarse de no mimar demasiado a sus niñas y las madres a los niños, sobre todo si son los primogénitos. Ésta es la tendencia natural, que se acentúa en la actualidad por la escasez de tiempo para cuidar a los hijos. El caso de los gemelos univitelinos es muy llamativo. Al compartir el código genético, los gemelos tienen reacciones muy parecidas. En la adolescencia, pueden llegar a odiarse por su parecido. «Lo que hay que hacer es tratar a cada gemelo de forma individual».

Otra especie en extinción es la familia numerosa. Las escasa parejas que tienen tres hijos o más suelen pertenecer a un perfil determinado. Tienen, en general, fuertes creencias religiosas, aunque también se dan casos de simples amantes de los niños.

Algunas familias, aún pocas, deciden que el segundo o tercer hermano sea adoptado. La integración de los hijos no biológicos suele ser positiva, pero es imprescindible que el niño no esté demasiado marcado por experiencias negativas anteriores.

«Si el chaval es relativamente mayor y ha sufrido malos tratos o abusos, tiene taras psíquicas o enfermedades que no han sido comunicadas previamente a la familia, pude haber escollos importantes en la adaptación». Según los expertos, un hijo, se adoptado o no, nunca debe tenerse para arreglar una pareja que hace agua.  Las familias deben estar preparadas para recibir a los hijos, no al contrario: «Puede haber parejas sin hijos muy equilibradas y parejas con hijos que sean una auténtica ruina».

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